Fundación Paz y Familia

Sebastián F. Noreña Duque
16 de dic de 2025
Una nota editorial sobre el impacto crucial de los programas sociales en los cimientos del desarrollo humano y social.
La primera infancia es, sin duda, la etapa más crítica en la vida de un ser humano. Los primeros años sientan las bases no solo para el desarrollo cognitivo y emocional de un niño, sino también para la futura prosperidad y equidad de una nación. En este contexto, los programas sociales dirigidos a la primera infancia no deben ser vistos como un gasto, sino como la inversión estratégica más rentable que un estado puede realizar.
Desde la nutrición adecuada hasta la estimulación temprana y el acceso a servicios de salud, estos programas son un escudo protector contra la desigualdad y un motor de movilidad social. Al garantizar que cada niño, independientemente de su origen socioeconómico, tenga un comienzo justo, se reduce la brecha educativa, se mejoran los resultados de salud a largo plazo y se incrementa el potencial de productividad futura.
Sin embargo, a menudo estos programas son los primeros en sufrir recortes presupuestarios o en ser subejecutados. Es imperativo que los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado reconozcan la evidencia contundente: invertir en la primera infancia es invertir en seguridad, desarrollo sostenible y capital humano de calidad. Es hora de blindar, fortalecer y expandir estas iniciativas, asegurando su cobertura, calidad y continuidad. El futuro de nuestra sociedad se construye en los jardines y salas cuna de hoy.